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Contradicciones

Qué difícil es no tener contradicciones. ¿Son malas las contradicciones? No lo creo. O sí lo creo. Bueno, depende. Unas veces sí y otras no. Ahora, aquí, pienso, digo y hago una cosa y mañana, allí, pienso, digo y hago la contraria. Y las dos cosas me parecen al mismo tiempo verdaderas y al mismo tiempo falsas. Distingo, eso sí, entre la contradicción y la hipocresía. El hipócrita piensa una cosa y dice y hace la contraria adaptándose al contexto con el fin, casi siempre, de sacar el máximo provecho de la situación. El hipócrita finge mientras que la persona contradictoria cree realmente en dos cosas que se niegan entre sí. Digamos que una persona verdaderamente contradictoria es de naturaleza honesta mientras que un hipócrita es un mentiroso. Cómo distinguirlos es algo que no me siento capaz de abordar aquí. Un ejemplo cotidiano de contradicción: una persona me cae bien y mal al mismo tiempo. Otro: detesto cosas que el fútbol representa pero luego me abrazo a mi padre cuando mete un gol en una final el Real Madrid. ¿Soy el único al que le ha ocurrido algo así? Otro más: a mí me parece sospechoso que alguien no tenga contradicciones, que lo tenga todo muy claro y diga: “esto es lo correcto, la verdad, las cosas son así”. Pero, por otra parte, puedo pensar al tiempo que una persona contradictoria no tiene personalidad y reside en el limbo de la permanente indeterminación y se escuda en las contradicciones para no posicionarse. ¿Puede una persona afirmar una cosa y negar después la cosa que ha afirmado sin ser un hipócrita? Por partes, si entre la afirmación y la negación hay un intervalo de tiempo lo frecuente es que sí. ¿Quién no ha pensado una cosa a los veinte años y otra opuesta a los cuarenta, no digamos a los ochenta? Son estas contradicciones las más frecuentes y las menos dolorosas pues la mente humana aprende de la experiencia y se transforma y el pensamiento y las ideas se van sedimentando porque un ser humano, aunque es siempre el mismo ser humano, en realidad no es siempre el mismo porque no deja de transformarse a lo largo de toda la vida.  Puede que esos cambios de opinión ni siquiera merezcan ser llamados contradicciones pues no se afirman y niegan dos cosas al mismo tiempo, algo que (bajo mi punto de vista) es esencial en una contradicción. Creo que para que una contradicción se pueda definir como tal (al menos llevando la definición al terreno de los individuos) debe existir simultaneidad en la afirmación y negación de la cosa que se afirma o niega. Vamos con las contradicciones en las que se puede, a la vez, afirmar una cosa y la contraria. Según Aristóteles “es imposible que, al mismo tiempo y bajo una misma relación, se dé y no se dé en un mismo sujeto, un mismo atributo”. Es decir, según la lógica aristotélica, si uno es generoso debiera serlo siempre y si no lo es siempre pues ya no hablamos de una persona generosa sino de otra cosa distinta. Uno, al menos es lo que interpreto, debiera ser generoso en todo momento y situación, con amigos y enemigos, y la contradicción, si existe, niega el atributo. Un hombre contradictorio acabaría siendo, según la lógica clásica, algo así como un hombre sin atributos. El principio de no contradicción considera que una cosa no puede ser verdadera y falsa a la vez con lo que se deduce que detrás de cada cosa existe una verdad única. Claro, que la historia del pensamiento es complejísima y entra ella misma en permanente contradicción así que nos encontramos también con filósofos como Hegel que considera que la contradicción es uno de los elementos esenciales de la dialéctica. En Hegel la oposición real interna a las cosas es el motor del pensamiento, de la vida y de lo real. Eso sí, no se queda el asunto en una mera contradicción sino que la contradicción para Hegel es algo así como una fricción, una oposición que se resuelve con una síntesis que supera la afirmación y la negación contenidas en la cosa que se afirma o niega. La contradicción, entiendo, es el camino hacia una verdad superior que podrá, a su vez, ser cuestionada a través de otra contradicción temporal que dé lugar a una nueva síntesis (a la verdad en una obra de arte se llega, pienso, por un camino similar).  ¿Y dónde queda la verdadera verdad verdadera dentro de este embrollo en el que las cosas se cuestionan y superan a través de las contradicciones? ¿Cómo distinguirla? Según Hegel, o los interpretadores de Hegel, la verdad es lo que una cosa llega a ser y asume que es sin que esa identidad verdadera sea atribuida desde fuera. Vamos, que una persona contradictoria, que se asuma a sí misma como contradictoria será una persona verdadera con atributos verdaderos y solo esa misma persona podrá determinar esa verdad. O no. No sé, depende de si me levanto aristotélico o hegeliano. Qué lío.

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