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Madre

Parece increíble, ¿verdad? Madres que no quieren como imaginamos que deberían querer a sus hijos. Tenemos idealizado el amor maternal simbolizado a través de la ternura, la servicialidad o la protección. Una madre que educa en valores, que trata de potenciarte y sacar lo mejor de ti, que te valora, te hace sonreír y te da ese abrazo de oso cuando más lo necesitas. Nos imaginamos a la buena madre como aquella que prioriza a sus hijos antes que a ella. No exagero si digo que un porcentaje altísimo de mis pacientes, de los que sufren ansiedad, tristeza, culpa, envidia, inseguridad, miedos o dependencia emocional, han tenido madres tóxicas. Son muchos hijos e hijas de madres que les han fallado, que han sentido envidias de sus vidas y de sus éxitos, que han querido controlarles, que opinan y juzgan lo que sus hijos deciden, con quien se emparejan, o que esperan que sus hijos no las defraude. Les exigen comportarse de forma  ejemplar y les obligan a cuidar el qué dirán sin saber qué necesitan sus hijos de verdad para ser felices. Madres exigentes, agresivas, con poca empatía y manipuladoras (de estas hay muchísimas). Sí, señores, hay malas madres. También padres. Y también malos hijos. Pero hoy toca las madres. La mayoría de los pacientes que he atendido sienten un gran desconcierto pensando que lo suyo es un caso único. Se sienten incluso culpables, “qué he hecho yo para que no me quieran como otras madres quieren a sus hijos”, “por qué me trató con desprecio, por qué me hacía sentir ridículo, por qué no atendía mis necesidades”. No hay respuesta y tampoco solución. Es difícil hablar ahora con quien te hizo daño. No suelen reconocerlo ni pedir perdón. Ellas tienen una visión completamente distinta de la situación. Aceptar que no fueron madres que dieron a sus hijos seguridad, que no potenciaron su autoestima, que no les dieron amor, sería asumir un fracaso vital. Nadie está preparado para eso. Es difícil aceptar incluso comentar con otras personas que tienes una madre que no te quiere. Va contra natura. A la gente que ha tenido una madre abnegada y adorable le cuesta entender esta situación. ¿Por qué ocurre? Normalmente este tipo de madres, hoy en día, de poder elegirlo, no lo serían. Hace veinte, treinta años, era impensable que una mujer que se casaba no quisiera ser madre. Esa opción no entraba en los planes. Todavía cuesta entender hoy a muchas mentes inflexibles y poco respetuosas que hay mujeres que deciden tener una vida sin hijos, así que imagínate hace años.  Así que como antes no había elección, tener hijos formaba parte de tu camino, de tu plan de vida. Supieras o no, tuvieras instinto o no, fueras responsable, equilibrada o no lo fueras, tenías hijos. En estos casos, ambas partes, madres e hijos, terminan siendo víctimas de esta imposición: una mujer que no desea la maternidad y unos hijos que terminan siendo educados en un mundo hostil e inseguro, un mundo en el que van configurando una personalidad llena de traumas, dolor e inseguridades. Muchas de estas mujeres han llegado a verbalizar a sus hijos que de tener la oportunidad de volver atrás en el pasado, no los hubieran tenido. Este es uno de los comentarios más dañinos que un hijo puede escuchar. En realidad no es un comentario contra nadie, no es que no quiera tener ese hijo en concreto, es que no hubiera deseado ese estilo de vida. Pero cada vez que una madre verbaliza estas palabras, lapida a sus hijos  y les transmite que no son deseados, que vales tan poco en su vida que de no existir, ella podría tener una vida plena y feliz si no te tuviera. Incluso los culpabilizan de no haber podido ejercer su profesión, de no haberse podido separar de su marido porque se sentían responsables de la familia. Los culpabilizan por no haber podido viajar más, y por tener una vida sacrificada y dura. Los hijos y sobre todo las hijas, que son sobre las que más recae la rabia de estas mujeres, suelen buscar de pequeños el amor a toda costa. Desean ser queridos y con ello despliegan todo su amor, quieren llamar la atención, obedecen, tratan de hacer todo lo posible para ser merecedores del amor de sus madres. Pero a esta entrega les sigue la humillación, la comparación, la exigencia, la anulación como personas y la crítica dura. Hay madres que incluso tratan de seducir y sentirse atractivas con los novios de sus hijas. Mujeres que desean seguir siendo jóvenes, que envidian en sus hijas la independencia y libertad de la que ahora disfrutan y a la que ellas se vieron obligadas a renunciar, mujeres que quieren ser sus hijas en lugar de ser una fuente de inspiración para ellas. Ante estas situaciones, como hija, solo puedes poner distancia. Es difícil que tu madre cambie, muy difícil. Así que tendrás que elegir el tipo de relación que te permita reconstruirte y ser feliz, con ella o sin ella. Debes poner límites al control, no permitirle que se inmiscuya en tu vida, no permitir que te critique ni haga juicios de valor de lo que haces, lo que sientes y las decisiones que tomas. Poner límites es una clave. Poner distancia física y emocional es la otra. Decide la frecuencia con la que hablarás con ella, los temas de conversación que tendrás y qué no le vas a permitir cuando esté contigo. No temas al conflicto. Que sea tu madre no te obliga a amarla, tampoco has recibido el ejemplo de amor de ella. Trata de proteger tu autoestima, tu valía, esa vida que ahora estás construyendo. No has podido elegir a tu madre, pero sí puedes elegir el tipo de vida que deseas tener ahora con ella. Tú eres más importante que tu madre. No se trata de que la dejes de lado, ni que la trates mal, ni que le devuelvas el dolor recibido. Ni mucho menos. De hecho, cuanto más compasivo seas, mejor. Tampoco te vuelvas loco intentando entenderla. Hay cosas que no tienen comprensión. Si lo decides, acéptala. Pero no te permitas que te cause más dolor. Se trata de que protejas tus emociones. No tienes culpa de nada. Los niños son fácilmente manipulables. Buscan el amor y la protección de sus padres a toda costa, pero no siempre lo obtienen. A muchos os puede parecer duro este artículo. Seguramente es porque hayas tenido una madre que te ha querido. Es difícil de comprender que haya otro tipo de madres. Pero te aseguro que las hay.

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