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Oro

Que el 2020 no va a ser solo miedo y paredes está claro. Yo lo tengo claro. No puede ser de otra manera. Miren ese número: 2020, 20 20, dos 2 y dos 0. Redondo. Al cuadrado. Se presta a los acontecimientos. Y no solo a los malos. A las celebraciones, a los homenajes, a los aniversarios que se quedan en la memoria porque son fáciles de calcular y recordar. Si hace diez años de algo, o quince o veinte o cincuenta, mejor que sea este año. A fuego para siempre en la memoria. Ayer fue diez de octubre. De 2020. 10 del 10 de 2020. Hace cincuenta años del 10 del 10 de 1970. Que fue sábado. Esto no es tan fácil de calcular, pero la gente suele casarse en fin de semana, el dato ayuda. En el Real Santuario Insular de Nuestra Señora de las Nieves, en Santa Cruz de La Palma, hubo boda ese sábado. Es probable que hubiera una cada sábado de ese año, de la década quizá, pero solo de esta se cumplen cincuenta años el 10 del 10 del 2020. Nadie recuerda las otras. Al menos yo no. A mí me lo han contado, yo tardé en pasar por allí. No estaba ni encargado. Pero los que hicieron el encargo (el señor que firmó el pedido y la señora que me parió) se casaron ese día de hace cincuenta años. Todo el mundo lo recuerda. Allí en La Palma y en Tenerife. A mí me consta. Del evento, ya he dicho, no puedo tener recuerdos, solo citas. Pero sí sé algo de todo lo que ha venido después. Y si me pudiera asomar a través del tiempo, tras la boda, en la sede de la Sociedad Deportiva Tenisca, le serviría otro vaso de vino a Jerónimo, le acercaría una cerveza a Mely y les diría: “Celebren, celebren. Hay motivos”.

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