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Dúo de baile entre mi novia Mery y yo

Vitalidad, diversión, ejercicio, salud, bienestar, psicomotricidad, energía, optimismo… Si bien comentamos anteriormente las enormes virtudes que el baile supone para nuestras vidas , en esta ocasión focalizamos en el hecho de bailar en pareja. Nos hemos preguntado qué nos puede aportar aprender coreografías a la vez, estar cogidos a un compañero, movernos mirándole de frente, ensayar juntos…
Lo sintetizamos en diez beneficios:

1. Sociabilidad: Es evidente que bailar resulta todo un ejercicio social y que puede ayudarnos en nuestras relaciones, por ejemplo, restando timidez y hermetismo y sumandoseguridad y extroversión. Cuando lo hacemos en pareja, todos sus efectos se ven multiplicados, pues los estímulos son mucho más directos. Algunas disciplinas como el baile de salón o los ritmos latinos se han ganado incluso el calificativo de “bailes sociales”.

2. Complicidad: Hablamos de desarrollar nuestra empatía. Se trata de un ejercicio por conocer a la persona con la que se realiza la actividad. La conexión que se puede alcanzar al bailar con alguien es una de las más intensas que podemos experimentar. Si contemplamos una pareja de bailarines practicando un tango podemos darnos cuenta de ello.

3. Coordinación: Nos referimos ahora a la vertiente física. Si cualquier sesión de baile implica trabajar en nuestra coordinación, realizarlo a dúo se torna un valor añadido. No es sólo cuestión de movernos frente a un espejo, sino junto a un igual. Las exigencias y, por lo tanto también los resultados, son mayores.

4. Compenetración: Cuerpo y alma. En algunos estilos se trata de dejar de ser dos personas para fusionarse un solo bailarín. Puede que al principio sea algo complicado… y no sólo si no conoces a tu pareja de baile. En ocasiones, ser íntimos en lugar de suponer una garantía, puede convertirse incluso en handicap. Se trata de expresar y también escuchar. En definitiva, sintonizar. Sin duda, reforzará la confianza en uno mismo y en el prójimo. En el desafío por un mismo ritmo, algunos bailarines confiesan compenetrar hasta el pulso.

5. Reflejos y agilidad: Llevar a cabo una coreografía entre dos implica agudizar nuestra atención. Cada una de nuestras acciones implican una respuesta y viceversa. Tal esfuerzo mejorará nuestra capacidad de reacción.

6. Flexibilidad: Existen infinidad de movimientos a realizar en pareja que nos permiten estimular ciertas partes del cuerpo o capacidades que en solitario resultaría más complejo y lento. Ejercicios como los ‘portés’ o las acrobacias no sólo contribuyen a ganar en flexibilidad, también incrementan nuestra fuerza y resistencia.

7. Contacto: Tocar la piel del compañero, darle la mano, cogerlo de la cintura, apoyar nuestra cabeza en él, valernos de su empuje para impulsarnos… En un mundo cada vez más frío, el baile brinda cercanía y nos despierta sentimientos de protección y ternura por el compañero. Por ello, no es extraño que habitualmente se recomiende el baile en terapias de pareja.

8. Comprensión: Uno de los elementos perennes cuando interactuamos con los demás es lacomunicación no-verbal. A menudo, cometemos errores de interpretación. El baile en compañía puede convertirse en nuestro gran aliado para evitarlo. Durante la actividad, nos expresamos con el cuerpo. Ese aprendizaje nos ayudará, no sólo en la pista de baile, a decodificar todos aquellos mensajes que no se dicen hablando.

9. Participación: Bailar no sólo en grupo sino en pareja aumenta la sensación de ser parte de un equipo, algo que recomiendan fervientemente los expertos. Eres importante para el resto de piezas y tu labor es determinante para el resultado del puzle. En este caso, te sientes uno de los pilares indispensables del tándem.

10. Felicidad: El aventurero Christopher McCandless, personaje que inspiró la preciosa película Into the wild, escribió en su diario de viaje “Happiness only real when shared” (“La felicidad sólo es real cuando se comparte”). Después de vivir una apasionante experiencia en solitario sintió que de haberla compartido, hubiese sido aún mejor. Una pareja de baile al completar una coreografía, mirarse a los ojos y pensar lo hemos conseguido, disfrutan por un instante de esa reconfortante satisfacción.

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